El calcio, el ejercicio y su importancia para la salud ósea

El calcio es un catión divalente con un peso atómico de 40. En la composición elemental del cuerpo humano, ocupa el quinto lugar después de oxígeno, carbono, hidrógeno, y nitrógeno, y representa el 1,9% del peso del cuerpo (1). El calcio constituye entre el 0.1-0.2% del peso fetal libre de grasa en el inicio del embarazo,  y aumenta a alrededor del 2% durante la adultez. En términos absolutos, esto representa un aumento de aproximadamente 24 g en el nacimiento a 1300 g en la madurez, requiriendo un promedio diario de balance positivo de calcio de 180mg durante los primeros 20 años de crecimiento.

El calcio es un nutriente esencial que juega un papel vital en la función neuromuscular, muchos procesos mediados por enzimas y coagulación de la sangre, así como en la rigidez del esqueleto en virtud de sus sales de fosfato. Sus funciones no estructurales requieren el mantenimiento estricto de concentraciones de calcio ionizado en los líquidos tisulares a expensas del esqueleto si es necesario y, por lo tanto, es el esqueleto el que está en riesgo si el suministro de calcio no es el suficiente.

Los requerimientos de calcio están determinados esencialmente por la relación entre la eficiencia de absorción y la tasa de excreción a través del intestino, los riñones, la piel, el cabello y las uñas. En adultos, si se desea preservar el esqueleto en buenas condiciones, la tasa de absorción de calcio desde el tracto gastrointestinal debe coincidir con la tasa de todas las pérdidas del cuerpo. En niños y adolescentes, es necesario una entrada adicional para cubrir los requisitos de crecimiento esquelético.

Comparado con otros minerales, la absorción de calcio es relativamente ineficiente, alrededor del 25-30% del calcio en la dieta es eficazmente absorbido mientras que las pérdidas de calcio son relativamente grandes. Así, la ingesta dietética de calcio tiene que ser lo suficientemente grande para asegurar que la tasa de absorción sea mayor que las pérdidas y evitar el daño esquelético. Casi todo del calcio total del cuerpo (99%) se encuentra en el esqueleto. El 1% restante se distribuye por igual entre los dientes y los tejidos blandos, con solo 0.1% en el fluido extracelular (ECF).

En el esqueleto constituye el 25% del peso seco y 40% del peso de la ceniza. El ECF contiene calcio ionizado en concentraciones de aproximadamente 4,8 mg / 100 ml. Es mantenido por el sistema paratiroideo-vitamina D así como el calcio en forma de complejo en concentraciones de aproximadamente 1,6 mg / 100 ml. En el plasma también hay una fracción de calcio unida a proteínas, que está presente a una concentración de 3,2 mg / 100 ml. En el compartimento celular, la concentración de calcio total es comparable con la del ECF, pero la concentración de calcio libre es más baja en varios órdenes de magnitud (2).

Funciones específicas: Las sales de calcio proporcionan rigidez al esqueleto y los iones de calcio desempeñan un papel en muchos, si no la mayoría, de los procesos metabólicos. En el esqueleto humano la rigidez es proporcionada por una forma de fosfato de calcio que está incrustado en fibrillas de colágeno. Los minerales óseos sirven como el último reservorio para el calcio que circula en el ECF. El calcio ingresa al ECF desde el tracto gastrointestinal por absorción y al hueso por resorción.

El calcio sale de la FEC por el tracto gastrointestinal, riñones y piel y entra al hueso a través de la formación ósea. Sin embargo, la integridad dicho sistema depende críticamente de la cantidad de vitamina D; si hay una deficiencia de vitamina D, la pérdida de su acción calcémica (3) conduce a una disminución en la ionización de calcio y al hiperparatiroidismo e hipofosfatemia. Esto es por qué la deficiencia de vitamina D produce raquitismo y osteomalacia mientras que la deficiencia de calcio da lugar a la osteoporosis (4, 5). En un sentido estrictamente operativo, el equilibrio de calcio está determinado por la relación entre la ingesta de calcio y la absorción y excreción de calcio. Algo característica del sistema es que los cambios relativamente pequeños en la absorción de calcio y la excreción puede neutralizar una alta ingesta o compensar una baja.

Recomendaciones: Es necesario un balance positivo de calcio (es decir, retención neta de calcio durante todo el crecimiento, particularmente durante los primeros 2 años de la vida y durante la pubertad y la adolescencia. Por lo tanto, estos grupos de edad constituyen poblaciones en riesgo de deficiencia de calcio, al igual que las mujeres embarazadas (especialmente en el último trimestre), mujeres lactantes, mujeres posmenopáusicas y, posiblemente, hombres mayores.

Fuentes dietéticas: El calcio se encuentra principalmente en los productos lácteos y recientemente en los productos sustituto de leche como son bebidas fortificadas de soja (leche de soya), leches de almendras, arroz y coco. También en diferentes grupos de alimentos como son mariscos en conserva con huesos (por ejemplo, salmón y sardinas), verduras verdes (por ejemplo, espinaca, col rizada, brócoli, nabo verde, tofu (hecho con sulfato de calcio) y jugos y cereales enriquecidos.

Dosis recomendada: Los requisitos de calcio a continuación propuestos se basan en datos de países desarrollados (especialmente Noruega y los Estados Unidos) y solo pueden ser aplicados con confianza a países y poblaciones con una dieta cultural similar. Otras dietas culturales diferentes pueden implicar diferentes requerimientos de calcio y tener diferentes recomendaciones.

Grupo Ingesta recomendada (mg / día)
Infantes y niños
0-6 meses
        Leche humana 300
       Leche de vaca 400
7-12 meses 400
1-3 años 500
4-6 años 600
7-9 años 700
Adolescentes
10-18 años 1300
Adultos
Mujeres
19 años a la menopausia 1000
Postmenopausia 1300
Hombres
19-65 años 1000
65+ años 1300
Mujeres embarazadas 1200
Mujeres lactando 1000

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Referencias:  

  1. Nordin BEC. Nutritional considerations. In: Nordin BEC, ed. Calcium, phosphate and magnesium metabolism. Edinburgh, Churchill Livingstone, 1976:1–35.
  2. Robertson WG, Marshall RW. Ionized calcium in body fluids. Critical Reviews in Clinical Laboratory Sciences, 1981, 15:85–125.
  3. Jones G, Strugnell SA, DeLuca HF. Current understanding of the molecular actions of vitamin D. Physiological Reviews, 1998, 78:1193–1231.
  4. Nordin BEC. Osteomalacia, osteoporosis and calcium deficiency. Clinical Orthopaedics and Related Research, 1960, 17:235–258.
  5. Wu DD et al. Regional patterns of bone loss and altered bone remodeling in response to calcium deprivation in laboratory rabbits. Calcified Tissue International, 1990, 47:18–23.
  6. World Health Organization, Food and Agricultural Organization of the United Nations (2004). Vitamin and mineral requirements in human nutrition. World Health Organization, p.341.

 

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